El sonido permanecía impasible ante la terrible quietud del viento. Todo era vacío, y él, cual astro fugaz, despierta y viene, viene, corre y se va.
En medio de la aparente desolación, estábamos las dos. Ella se mantenía callada y expectante. Yo, no podía hacer nada mas que romper esa incómoda tranquilidad en la que nos encontrábamos con frases cuyo significado se iba perdiendo mientras se prolongaban. Eran anécdotas y bromas (que más que divertir, provocaban que nos sumergiéramos en extrañas reflexiones filosóficas que nos llevaban a muchos lugares y a ninguno a la vez).
Mientras yo le contaba todo lo que acontecía a nuestro alrededor, ella permanecía inerte y la tenue luz de la noche dibujaba con líneas finas su figura de sílfide preocupada y perdida en un mundo desconocido, al tiempo que clavaba la mirada en mis pupilas y se esforzaba en capturar cada uno de los convulsos movimientos que describían, según la intensidad del relato en curso.
Así, mientras se conectaba cada crónica, llegué a los detalles trastocados de una existencia apresurada y mohína que era la mía. Frente a mí, la joven que parecía estar congelada, al fin habló, interrumpiendo los lamentos que salían, uno a uno, a través de mis labios.
"...yo soy destino, no solución"
La cornamusa marcó el cisma de la insufrible y vana interacción. Ella, como pluma en el viento, se puso en marcha. Y la ví alejarse, llevándose entre las manos los filamentos débiles de mi memoria, rumbo al cadalso del olvido.
En medio de la aparente desolación, estábamos las dos. Ella se mantenía callada y expectante. Yo, no podía hacer nada mas que romper esa incómoda tranquilidad en la que nos encontrábamos con frases cuyo significado se iba perdiendo mientras se prolongaban. Eran anécdotas y bromas (que más que divertir, provocaban que nos sumergiéramos en extrañas reflexiones filosóficas que nos llevaban a muchos lugares y a ninguno a la vez).
Mientras yo le contaba todo lo que acontecía a nuestro alrededor, ella permanecía inerte y la tenue luz de la noche dibujaba con líneas finas su figura de sílfide preocupada y perdida en un mundo desconocido, al tiempo que clavaba la mirada en mis pupilas y se esforzaba en capturar cada uno de los convulsos movimientos que describían, según la intensidad del relato en curso.
Así, mientras se conectaba cada crónica, llegué a los detalles trastocados de una existencia apresurada y mohína que era la mía. Frente a mí, la joven que parecía estar congelada, al fin habló, interrumpiendo los lamentos que salían, uno a uno, a través de mis labios.
"...yo soy destino, no solución"
La cornamusa marcó el cisma de la insufrible y vana interacción. Ella, como pluma en el viento, se puso en marcha. Y la ví alejarse, llevándose entre las manos los filamentos débiles de mi memoria, rumbo al cadalso del olvido.
